Víctor Küppers lleva más de dos décadas subiéndose a escenarios de empresas, congresos y convenciones para hablar de actitud. Pero detrás del humor hay una idea que repite como un mantra: la felicidad cotidiana no depende del cargo, del coche o del nivel de inglés, sino de la calidad humana.
El psicólogo y divulgador defiende que la psicología positiva no es solo sonreír o pensar en positivo. El núcleo, insiste, es otro: la bondad. “A ti te quieren, te aprecian y te valoran por cómo eres. No por tu cargo profesional”, recuerda. Y lanza una pregunta que incomoda por su sencillez: cuando pensamos en los mejores jefes que hemos tenido, ¿los recordamos por su despacho o por su manera de tratar a los demás?
Para Küppers, la respuesta es evidente. “Tú no vales tu coche, tú no vales el tamaño de tu televisor. Tú vales tu calidad humana”. En una sociedad que describe como “cada vez más hostil, más agresiva y más individualista”, reivindica sin complejos conceptos que suenan antiguos: compasión, altruismo y solidaridad.
Lejos de plantearla como una idea abstracta, Küppers aterriza la compasión en gestos concretos. Desde el punto de vista psicológico implica dos actitudes: empatía y deseo de ayudar. “Es ponerme en tu lugar, pero sobre todo querer ayudarte, aliviar tu sufrimiento”.
Victor Küppers, experto en desarrollo personal: «Nos damos cuenta de las cosas muchas veces cuando es tarde y lo sabemos, y seguimos cometiendo el mismo error»
Para ilustrar la pérdida de esa sensibilidad, relata escenas cotidianas: dos jóvenes incapaces de alcanzar sus maletas en un tren mientras el resto de pasajeros observa sin intervenir; un jersey que cae al suelo en una estación y nadie recoge. No habla de maldad, sino de prisa, de ensimismamiento.
Frente a eso, propone una mentalidad sencilla: “¿En qué te puedo ayudar?”. Esa pregunta, asegura, es la base de la compasión. Puede traducirse en poner el lavavajillas cuando la pareja está agotada, en escuchar de verdad a un amigo o en escribir un mensaje semanas después a quien atraviesa un problema. “El impacto es espectacular”, afirma. “Cuando alguien se acuerda de ti, te hace sentir querido, valorado”.
El conferenciante insiste en que no hacen falta grandes hazañas. A veces basta una llamada inesperada, como la que recibió de un taxista que quiso asegurarse de que había llegado a tiempo al tren. O una nota escrita por una empleada de hotel en Lima que, tras leer “Es un medicamento. No tocar, por favor”, añadió de su puño y letra: “Deseo se mejore”.
Cuando uno es coherente con su esencia, uno se siente bien
“Eso es ir mucho más allá de lo correcto”, subraya. Son esas personas, dice, las que realmente nos impactan. No por su reloj ni por su currículum, sino por su humanidad.
Küppers lamenta que palabras como “por favor” y “gracias” parezcan en vías de extinción y defiende que la amabilidad es “la mayor virtud” desde la óptica de la psicología positiva. Saludar en el ascensor, ceder el paso en un atasco o sonreír al cruzarse con un desconocido son, para él, gestos sencillos que marcan diferencias.
placeholderSer honesto no significa ser brusco: la asertividad también puede ser amable (Pexels)
Ser honesto no significa ser brusco: la asertividad también puede ser amable (Pexels)
“¿Quieres vivir de buen humor? ¿Quieres vivir con alegría? Sé amable con todo el mundo”, repite. Según recuerda, los estudios muestran que al hacer el bien “se dispara la serotonina, la oxitocina y baja el cortisol”. Más allá de la química cerebral, apela a algo más intuitivo: cuando actuamos de acuerdo con nuestra mejor versión, nos sentimos bien.
Una de las propuestas prácticas que comparte procede de Stephen Covey: escribir en un papel cómo nos gustaría que nos definieran nuestros hijos, nuestra pareja o nuestros amigos. Ese retrato ideal marca la distancia entre lo que somos y lo que aspiramos a ser. “Ese es el gran reto que tiene la vida: intentar ser cada día un poquito mejor”.